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Si descubres que te están hackeando, ¿harías algo?

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Si descubres que te están hackeando, ¿harías algo?

Una muestra de que aún nos queda mucho por aprender; para la mayoría de los usuarios, el riesgo de ser hackeado no pesa tanto como la molestia para evitarlo.

Imaginá por un momento que las contraseñas fuesen tratadas igual que las llaves; que la llave de tu casa fuese igual que la llave de millones de puertas.

Que la inmensa mayoría de la gente solo use seis llaves diferentes para proteger su casa, su coche, o sus armario; peor aún, las llaves son absurdamente sencillas, como si fueran de juguete.

La misma contraseña de siempre, la misma idea de seguridad de siempre

Suena absurdo, pero eso es justo lo que ocurre en el campo de la seguridad informática. Los usuarios nos conformamos con usar contraseñas sencillas, fáciles de recordar, pero al mismo tiempo potencialmente inseguras.

Las contraseñas más usadas del 2016 lo demuestran; nos encontramos los sospechosos habituales, como “123456” o “password”. Estas son las contraseñas que los atacantes primero probarán cuando intenten entrar en nuestras cuentas.

Las contraseñas más comunes de 2016 son lamentables y no debes utilizarlas
Y sin embargo, no parece importarnos. Tenemos fotos y vídeos personales, información privada y datos bancarios protegidos por llaves de juguete. Y cuando lo inevitable ocurre, nos miramos confundidos, sin saber a quién echarle la culpa.

El riesgo de ser hackeado es real, pero no hacemos nada para evitarlo

Un estudio reveló que el 64% de los encuestados experimentó personalmente una violación de su privacidad y sus datos personales; aunque sólo el 35% aseguró haber recibido notificaciones de ello.

Un preocupante 41% sufrió cargos en sus tarjetas de crédito que no habían autorizado. Los ataques a redes sociales y otros medios aumentaron, con un 16% asegurando que habían perdido su cuenta de correo, y un 13% que alguien había tomado el control de su cuenta en una red social.

Pero sin duda  lo más chocante es que, pese a estas experiencias, los encuestados no habían cambiado sus prácticas; la inmensa mayoría, un 86%, confesaba que memoriza sus contraseñas (o contraseña).

Una contraseña que era más simple de lo que les gustaría, y que encima compartía con sus amigos o familiares, como confiesa el 41%.

Muy pocos optaban por soluciones recomendadas por los expertos; apenas un 3% usaba exclusivamente un gestor de contraseñas.

¿Por qué debería usar un gestor de contraseñas?

Estas malas prácticas tienen un motivo detrás: al 69% de los encuestados no les importaba la seguridad de sus contraseñas. Así que realmente no tienen la motivación para cambiar lo que hacen.

Es algo que no debería sorprendernos; sólo tenemos que mirarnos en el espejo para darnos cuenta de que los resultados del estudio son muy reales. A nadie le gusta cuando le hackean la cuenta; pero pocos hacen algo para evitarlo.

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