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Fracasos exitosos: Fuckup Nights Buenos Aires

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Fracasos exitosos: Fuckup Nights Buenos Aires

En el marco de la Semana del Emprendedor se realizó el volumen III de Fuckup Nights Buenos Aires en el Centro Cultural San Martín. Les compartimos las historias de cuatro excelentes oradores que supieron transformar sus fracasos en enseñanzas, en anécdotas que hoy consideran fuentes vitales de su éxito.

Se cortó la comunicación

Sergio Pérez, Vicepresidente del Club Atlético Belgrano de Córdoba, inauguró las presentaciones recordando lo que en sus comienzos le diría su abuelo: “nunca dejes de considerar a la gente”. Al mando de TSU Cosméticos, N°1 en ventas por catálogo a nivel nacional, Sergio compartió el fracaso inicial de la firma al intentar replicar el modelo en Paraguay.

“Tomamos personas, alquilamos oficinas, galpones, sistemas y terminamos perdiendo 3 millones de dólares”. El problema era que no habían logrado comprender las aspiraciones de la gente, su idiosincrasia, por lo que decidieron contratar a personal oriundo del país y empezar a escucharlos más, a tratar de recuperar el canal de comunicación perdido. “Nuestro fracaso más grande es no haber entendido a la gente”.

No obstante, la lección fue aprendida y reflejada en la apuesta de la marca al llevar la bandera nacional como impronta. “Nos distinguimos porque somos muy nacionalistas e intentamos vender sueños, no creemos que una persona se salve por vender productos de $50”.

Orgulloso de sus 19 catálogos de venta anuales con 1800 productos distintos por edición y de haber constituido una red de 140 mil revendedoras en todo el país con más de 180 proveedores trabajando en simultáneo, Sergio no duda en afirmar que “el peor error es creer que sos tan grande como lo dicen tus números”.

No es malo equivocarse, lo malo es no reconocerlo

fukup claudio

El periodista Claudio Destéfano también tuvo sus traspiés. Asociado con 6 reconocidos profesionales decidieron montar una radio que terminaría significando una deuda de un millón de pesos que debe saldar hasta el día de hoy.

“No teníamos un líder, además éramos periodistas no empresarios”, sintetizó. A un mes –según reveló por primera vez- de terminar de financiar su deuda, Claudio afirmó que sus claves fueron la templanza, tratar de achicar el problema, mirar para adelante, innovar (dar razones para que nos sigan comprando), aferrarse a la cultura del trabajo, y principalmente preguntarse para qué hacemos las cosas.

También destacó la importancia del análisis financiero como complemento a la creatividad además de la constancia, la permanencia, el generar continuamente iniciativas diferentes.

Un golpe de humildad

fuckuppancho

Francisco Murray es co fundador de las alpargatas PAEZ y si bien tuvo un comienzo de manual, a mitad de camino el ideal parecía derrumbarse en sólo seis meses.

“Para crecer sabíamos que teníamos que tener nuestra fábrica, pero nuestros inversores nos abandonaron antes de arrancar cuando teníamos vendidos productos por 15 mil pesos cuando estábamos endeudados por 300 mil dólares”, relató.

La necesidad y guiados por el mandamiento del hacer ante todo, los ayudó a salir adelante con el acompañamiento de un equipo que trabajaba aunque no se les pagaba. “Creamos la cultura de la amistad, de la colaboración, sabíamos que solos no podíamos”. En este sentido, hoy la empresa generó un nuevo rol al que denominaron “Gerencia de la felicidad”, con el enfoque puesto en motivar más que en controlar el desempeño del equipo.

Actualmente PAEZ comercializa en más de 45 países del mundo y tiene sede en Barcelona.

No perdimos un millón porque no lo teníamos

fuckup silvia

Silvia Flores es referente del Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza y su historia invita a repensar los prejuicios.

La Directora de la cooperativa del barrio La Juanita comenzó explicando que “como movimiento piquetero no queríamos que nos regalaran cosas, queríamos trabajar, aprender”. Con el sueño de abrir un jardín, una escuela primaria y secundaria para nuestros chicos y una universidad, emprendieron su propia panadería. En este proyecto mucho tuvo que ver Maru Botana, quien se acercó a colaborar “aunque al principio pensábamos que buscaba prensa”.

Con el tiempo entendieron que los prejuicios eran los que no permitían que se acercaran: “podíamos ser diferentes pero caminar juntos”.

Silvia no dudó en afirmar que aprendieron a no decir nunca que no porque las oportunidades son escasas y “necesitamos dejar de mirarnos nosotros mismos como pobres”.

Al ser una organización muy vinculada a la política remarcó que los desacuerdos son diarios, pero que la receta es hacer cosas que les recuerden los motivos que impulsan el sueño. Y es allí cuando las barreras se diluyen y aparecen las oportunidades.

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